De pandillero a asistente social
Vida después de la cárcel

En Estados Unidos, el salvadoreño Alex Sánchez da el ejemplo.

LOS ANGELES.- Lejos de su hijo y rodeado de delincuentes sin futuro como él, detenidos en la prisión estatal de Chuckwalla Valley, en la que estaba por tercera vez, Alex Sánchez decidió cambiar su destino, darle la espalda a la vida que llevaba desde los 14 años y que sólo le había redituado penas. Se imaginó alegre, limpio, bien comido y vestido, respetado, digno.

Así, a los 23 años, comenzó una transformación que lo alejó de la delincuencia, la violencia, y hoy es director ejecutivo de Homies Unidos, organizaciónsin fines de lucro que lucha por rescatar a muchachos de pandillas en Los Angeles y El Salvador.

Salvadoreño de 37 años, Sánchez ayudó a conseguir una tregua entre pandillas; testificó como experto en casos judiciales; abogó por mejoras legislativas en programas de intervención y prevención, y les habla a los jóvenes sobre el futuro sombrío que ofrecen las pandillas.

Desde su oficina de Homies Unidos en el barrio hispano Pico-Unión, Los Angeles, Sánchez también es responsable de servicios como asistencia para inmigrantes amenazados de deportación, programas educativos y entrenamiento laboral. Esta organización festejó 10 años de servicio en noviembre. "Alex está llenando un vacío en la comunidad, porque hay poca gente que trabaja con jóvenes, y menos con pandilleros’’, dice Raúl Añorve, director ejecutivo del Instituto de Educación Popular del Sur de California. Sánchez, que vive con su mujer, Delia, y sus tres hijos en Artesia, en el condado de Los Angeles, es hoy un ejemplo de superación pese a haber sido encarcelado y deportado.

"Alex influyó para que yo dejara las pandillas –dice el mexicano Eliseo Figueroa, de 25 años–. Me mostró qué era lo que la calle me ofrecía: nada."

Como Sánchez, Figueroa fue parte de las pandillas durante su etapa escolar. Tras conocerse en la calle hace unos 10 años, Sánchez comenzó a aconsejarlo.

Al verlo adicto a las drogas y pandillero, la madre de Figueroa decidió enviarlo a su Oaxaca natal, tras consultar con Sánchez. "A mis espaldas, él hablaba con ella y le decía cómo me debía tratar’’, explica Figueroa, que volvió hace 4 años de México y trabaja de mozo.

El cambio funcionó. Figueroa se recuperó y, de vuelta en Los Angeles, buscó a Sánchez para que lo ayudara a encontrar trabajo. "Cuando llegué,

me presenté y le dije que quería ser un modelo por seguir como él’’, cuenta Figueroa.

La historia de Sánchez nace en un vecindario pobre de El Salvador y termina en Los Angeles, que, según cifras oficiales, es la capital de la delincuencia, con casi 400 pandillas y unos 39.0000 pandilleros.

A los 11 años, cuatro años después de haber llegado a Los Angeles desde El Salvador, Sánchez comenzó a juntarse con delincuentes. Tres años después se unió a la Mara Salvatrucha, pandilla salvadoreña en Pico-Unión. La vida al margen de la ley lo llevó tres veces a la cárcel por delitos menores y fue deportado a El Salvador en 1994.

Sánchez dijo que en su país tuvo que vivir en la calle para huir de escuadrones de exterminio y pandillas locales que lo habían amenazado de muerte. Para cuidar a su hijo, que había sido abandonado por su madre a los cuatro meses, y por miedo a ser asesinado, Sánchez regresó ilegalmente a Los Angeles en 1995.

Volvió al barrio "con otra mentalidad’’, reconoce. Buscó trabajo en una fábrica textil y cuando notó que había estado un año sin meterse en problemas sintió que podía salir adelante.

En 1996 se fundó Homies Unidos en El Salvador y al año siguiente Sánchez intervino en la creación de la sucursalde Los Angeles, que ayudó a cambiar de vida a más de 240 delincuentes, según la organización.

En 2000, Sánchez fue arrestado. Gracias a una campaña comunitaria en su favor, salió libre nueve meses después y recibió asilo político, pues su vida corría peligro si era deportado a El Salvador.

Ahora, ninguna pandilla molesta a Sánchez, y él recomienda a los jóvenes que no se unan a estos grupos por incomprensión familiar o institucional.

"Ya para de callar el dolor que tienes dentro y exprésalo de otras maneras, que si no, vas a explotar’’, es su mensaje.


Fuente: AP