Los jóvenes y la crisis En el Centro de Transparencia Inmobiliaria le ponen cifras a la tendencia: "Dos de cada diez contratos inferiores a $2000, sobre todo de jóvenes, hoy se rescinden anticipadamente. Ni siquiera se pueden ir a algo más chico o cambiar de zona. Se bajan provisionalmente del alquiler y vuelven a la casa de los padres o de algún pariente", cuenta Ricardo Tondo, titular de esa institución. Agrega que en el primer semestre de 2009 aumentaron un 50% las consultas por las conflictivas negociaciones para renovar los contratos. Es un agrio tira y afloje, cuya renta antes era del 1% sobre el valor del bien y hoy, del 0,6%. "Si en 2007 pagaban 700 pesos, ahora les exigen un 60% más, o el doble", describe Tondo. "A los inquilinos también se les hace cuesta arriba el aumento del 40% en las expensas y en el costo de vida." Los valores hablan por sí solos: un monoambiente en Palermo, Barrio Norte, Recoleta o Belgrano puede valer hasta $ 1300 (sin contar los $ 200 promedio de expensas). En Caballito o en Flores, entre $ 900 y 1100, y $ 850, en la zona de Congreso. Si se calcula que una renta no debería exceder un tercio de los ingresos, ¿cuánto debería ganar un joven empleado para poder autoabastecerse? Fue una postal pretérita, la de un país que crecía al ocho por ciento anual, la que los arrimó a una independencia efímera. Con sus primeros pasos en el mercado laboral, lograron mudarse solos y solventar sus cuentas. El cambio de coyuntura, empero, transformó esos logros en una remozada hilera de excluidos del mercado de locaciones en la Capital. En ella se cuelan también parejas, hombres separados y adultos desempleados, cuyo número resulta difícil de cuantificar. Los expulsó la crisis económica y, con ella, la cesantía laboral, el mercado negro de trabajo y la restricción de otras oportunidades de empleo. La economía posterga o anula sueños y, este año, los verdugos fueron el precio de los alquileres, la inflación y el incremento exponencial del valor de los servicios públicos y de las expensas. No hay magia que ayude a que los números cierren. La vuelta a la casa que los vio crecer, entonces, abre ahora un interregno para el ahorro o para el deshago. Es una tregua de subsistencia hasta que "suba la marea" y renazcan perspectivas más pródigas para una real emancipación. Duradera. Radamés Marini, presidente de la Unión Argentina de Inquilinos, certifica la migración de los jóvenes de la plaza de alquileres. Denuncia, además, que "muchos locatarios enfrentan aumentos del ciento por ciento al momento de renovar los contratos pautados en 2007". "Lo que vemos también es que para no comprometer a sus garantes, pagan los dos meses o el mes de rescisión, y se van", dice Marini. En la Asociación de Propietarios de Bienes Raíces, su vicepresidente, Jorge Curk, señala: "La plaza locativa es mayor a la demanda. Por eso, con el buen inquilino tratamos siempre de contemporizar y llegar a un acuerdo. Pero es verdad que hoy la situación para poder alquilar está realmente mucho más difícil". Sin embargo, en la Cámara Inmobiliaria Argentina, su titular Néstor Walenten, ubica esa tendencia "en casos muy puntuales", pero reconoce un incremento del 45% de la oferta de departamentos vacíos en relación con el mismo período del año anterior. Y lo atribuye no a un éxodo de los inquilinos, sino a las profusas inversiones en ladrillos retiradas de la venta junto con los nuevos metros cuadrados construidos, hoy volcados al mercado locativo. Sebastián tiene 42 años y pide no dar a conocer su apellido. Cuenta que trabajó ocho años en el departamento de marketing de una empresa de consumo masivo. Hoy está divorciado, tiene un hijo de 7 años y, hasta hace poco, pasaba puntualmente una cuota alimentaria de $ 2500. Ganaba $ 8000, hasta que lo echaron de la empresa. A él la "independencia" no le sabe a furor de juventud, pero se siente igual que un chico al que le falla el intento. Desde entonces, percibe un seguro de desempleo de la Anses (en total, tres cuotas de $ 400) y debió dejar de inmediato el alquiler de un departamento de dos ambientes en el barrio de Belgrano. Su hermano casado, lo acogió en su casa y, ahora, se las ingenia con trabajos de consultoría free lance , que factura con un talonario ajeno. "Estoy muy incómodo. A mi hijo lo llevo a Mc Donald´s y al shopping porque no tengo un lugar cómodo donde estar con él. Una parte de lo que gano va para mi ex mujer y con el resto está claro que no llego a ningún alquiler", se lamenta. Agradece tener una familia "muy italiana" con la que poder contar. "Lo ideal sería encontrar un trabajo ya, pero hallar hoy un aviso en el diario, es igual de probable a que me arregle con mi ex mujer", ironiza. PROPONEN SUBSIDIOS POR PARTE DEL ESTADO
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